13 abril, 2026

Es comodorense, jugó en River y ahora en Boca, con el sueño de llegar al básquet de Estados Unidos

(Por Pasta de Campeón – ADNSUR) Es comodorense y tiene hambre y sueños,  vive en Buenos Aires con su familia y armó una rutina que no se negocia: club, academia, físico, nutrición y cabeza. En una charla con Pasta de Campeón, el deportista contó cómo salió de Comodoro, por qué eligió un camino poco común para su edad y qué mensaje le deja a los chicos que todavía dudan. Y alrededor de su historia, hay un detalle que lo define: su vida gira —literal— con una pelota en la mano por cuanta cancha de básquet encuentra.

Álvaro De Sousa tiene casi 16 años y un modo de vida que se reconoce a la primera mirada. Si alguien lo cruza en el club, en la calle o en una cancha auxiliar, hay una postal que se repite: “Siempre se lo ve o picando una pelota o bien con un souvenir de básquet”. 

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No es una exageración, es una rutina. La pelota y el básquet lo acompañan en sus traslados, la espera, su descanso activo. Y también la ropa: camisetas de básquet de equipos nacionales, de aquellos tesoros de amigos, remeras que cuentan historias y relaciones, como si su vestuario fuera un mapa de gente que lo fue empujando o inspirando en busca de soñar.

De Sousa dejó Comodoro para embarcarse en un sueño con trabajo, sacrificio y mucho básquet

Foto: enviada a Pasta de Campeón

Esa imagen, la del pibe que no suelta el balón, no es solo romanticismo deportivo. Es el síntoma de una elección: vivir para mejorar y donde el protagonista se presenta: “Soy Alvaro De Sousa, tengo 15 años, juego en el club Boca Juniors, y juego de escolta o alero”. 

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“Hace casi dos años estoy en Buenos Aires”, se presenta a Pasta de Campeón, con una claridad que asombra por la edad. Su tono todavía tiene timidez, pero ya aparece esa voz que empieza a cambiar: la transición inevitable del adolescente hacia un joven adulto, con una mirada más firme, más consciente y, en su caso, también con una sensibilidad social que se nota cuando habla del esfuerzo familiar, del valor de intentar y de no mirar al resto desde arriba.

UN VIAJE, “VACACIONES” Y EL CAMBIO DE VIDA

Con el empuje del viento de Comodoro y un salto que fue como en el centro de una cancha de básquet, la vida de De Sousa no es un simple envión, sino una búsqueda, un sueño y así dejó su lugar. 

“A finales de 2023 ya teníamos planeado un viaje a Buenos Aires de vacaciones, y yo quería venir a probarme acá. Fue ahí donde le escribí a diferentes profesores por Instagram, que estaban en Obras Basket, River Plate, y fue ahí donde me dijeron que había pruebas en febrero”, cuenta el joven.

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De Sousa con la “12” en su pecho durante su paso por River

Foto: enviada a Pasta de Campeón

Lo cuenta como quien cuenta un trámite, pero no lo es. Ahí hay decisión. Hambre. “Vine a Obras en la primera prueba, después fui a River y terminé con la decisión de quedarme en ese club ese año”.

Y ante la pregunta por su recorrido, este comodorense lo confirma sin vueltas y personalidad disruptiva, la misma que lo lleva a conducir a sus equipos o bien a un lanzamiento a pie firme: “Pasé por River y ahora estoy en Boca”.

En esa línea aparecen dos cosas que el propio Álvaro repite sin grandilocuencias: que él lo buscó y que él se animó. “No, solo. Lo busqué yo y voy a tratar de lograr mi sueño”.

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DE COMODORO A BUENOS AIRES: LAS EXIGENCIAS EN BÚSQUEDA DEL CRECIMIENTO 

Cuando De Sousa habla de diferencias, no se esconde atrás de ejemplos laxos, argumenta con números y donde la gran cantidad de partidos por todo Buenos Aires y Capital lo llevan a contarlo. “Allá jugábamos 20 partidos por año, acá son 30 en una sola fase y si avanzás a playoffs, tenés 20 más”. 

Y suma otro cambio crucial: “La diferencia en el físico y la altura de los chicos es tremenda, son muy grandes”.

LA base está: el comodorense De Sousa, en acción con el balón en su mano y la conducción de su equipo

Foto: enviada a Pasta de Campeón

Ahí aparece, inevitable, su formación como base y en su origen, de Gimnasia y Esgrima, sumada a los fundamentos lo llevan a trabajar en la media cancha ya con un bioti´po desarrollado en Buenos Aires.

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Ahí aparece el sueño de a lo mejor jugar con la casaca del “Verde”, pero hoy el foco está en sostener la rutina, crecer y ganar espacio en un contexto mucho más exigente.

Parte de ello es la Academia de fundamentos a la que también acude y donde a veces se va a trabajar con los diferentes herramientas de fundamentos, y sumadas a las de entrenamientos, muchas jornadas le toca irse de casa a las 8 de mañana y regresar 9 de la noche.  

EL TRABAJO SILENCIOSO

Uno de los puntos más fuertes de la historia de este representante comodorense es el trabajo invisible: el que no entra en un resumen de partido. Álvaro cuenta que tuvo que ajustar su nutrición y su rutina como parte de su adaptación y crecimiento. 

“Al principio, sí, se me complicó bastante”, admite. Y después lo dice como quien asumió que el cuerpo también se entrena: “Pasando dos meses, ya me acostumbré bastante y tenía como ciertos permitidos, de un helado o algo de eso”.

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Un “mini” De Souza, con determinación y personalidad y en Comodoro, donde una meta se cruzó por su cabeza y anhela cumplirla con trabajo y sacrificio

Foto: enviada a Pasta de Campeón

El cambio no fue solo físico, sino que también desde lo emocional. “Notaba mucho el cambio que tenía yo, en actitudes que tenía antes y ahora ya no las tengo tanto”. Y cuando profundiza lo hace con la naturalidad de un jovencito: “Por ahí me ponía muy de mal humor porque no podía comer”.

No es una confesión menor. Es un adolescente contando, sin poses ni caretas, que cuidarse también te cambia el carácter, el descanso, la manera de encarar el día. Y que ese autocontrol, con todavía 15 años, es parte del jugador que quiere construir, pero sin dejar detener la edad con la que cuenta y no quemar etapas.

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LA ESCUELA: UNA APUESTA NO MUY COMUN

La rutina de De Sousa no se arma solo con entrenamientos. También con decisiones familiares y personales en las cuales papá Oscar y mamá Gaby, con la ayuda de Bianca como hermana colaboran. 

“El primer año que estuve acá hice escuela normal, física, y ahora este año decidimos y buscamos muchas escuelas online para enfocarme más en el deporte y tener más entrenamiento”, aseguró.

Lejos de “zafar”, lo vive como más carga y no lo oculta, con la frescura de un adolescente que vive cambiso constantes. “Maduré bastante. Tengo más responsabilidades ahora, aunque no vaya al colegio físico, debo enfocarme en el colegio”. Y lo define al cambio sin vueltas: “Con los horarios, entrenamiento y eso, cambié bastante mi vida”.

“Es un esfuerzo grande, tanto en lo deportivo, el de mis papás, como los financieros”, cuenta.

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EL PADRE DE LA GENERACIÓN DORADA Y UN CONSAGRADO DE LA LIGA NACIONAL 

En su semana, el trabajo del jugador comodorense es quirúrgico. La apuesta es doble, con el entrenamiento que lleva adelante con el entrenador Guillermo Edgardo Vecchio, figura en la historia del desarrollo de quienes fueron los jugadores de la Generación Dorada y en la formación de jugadores en la Selección Argentina como en el país. Del otro lado, Carlos Duro, un formador y técnico campeón en Liga Nacional de Básquet, sus entrenadores y a quienes toma como punta de lanza para su desarrollo.

“Entreno los lunes, dos horas y es como que termino fundido”, dice Alvaro de Vecchio. Y después, lo que al comodorense le interesa es el seguimiento, las charlas, el nivel de exigencia.

Vecchio y Duro, dos entrenadores que forman parte del crecimiento del jugador comodorense

Fotos: Infobae / IG @CarlosDuro

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“Da muchas devoluciones, nos sigue en la aplicación y cuando termina el partido nos pregunta cómo nos va”, indicó. Y una frase que pinta la escena real del alto rendimiento: “Por ahí me dice que jugué muy bien, pero el otro me dice que fue al revés. Como que no tiene filtro mucho pero siempre apuesta a que mejoremos”.

Con Carlos Duro, el método se apoya en el análisis y la repetición: “Mi mamá graba mis jugadas y después se las manda a él y hacemos las mismas con diferentes definiciones. O lo que hago mal después lo volvemos a hacer hasta que salga”, Es un trabajo de oficio, de picar la piedra para ver lo que hay dentro y de ahí en búsqueda de pulir, pero nunca claudicar y siempre insistir.

Y cuando le preguntan si no se cansa de tanto básquet, la respuesta es la más coherente con su imagen de “siempre picando la pelota”: “No, no me cansa y lo siento está muy fijo, ya que es un objetivo, un sueño”.

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EL CAMBIO FÍSICO, UN BUNKER BIEN PROFESIONAL 

Alvaro pasa sus días con los profes del equipo de Innovak, la clínica kinésica donde en pretemporada se juntan diferentes basquetbolistas profesionales y juveniles para hacer pretemporada.

INNOVAK on Instagram: “Álvaro es un atleta en formación comprometido con su desarrollo deportivo que actualmente forma parte del programa de entrenamiento personalizado en INNOVAK. 🏀 Como paciente y atleta en formación, trabaja de manera constante para potenciar su básquet, mejorar su rendimiento físico y optimizar su preparación mental. 🛫Desde Comodoro Rivadavia vino a BsAs a potenciar su rendimiento estamos felices de de poder trabajar junto a él. Queres potenciar tu rendimiento?? Queres realizar entrenamiento personalizado??? 🏋🏻‍♀️ El WhatsApp que está en la bio. Podes hacer tu consulta 😁 📲”

Donde se habla de básquet como se habla de la vida: con detalles, con anécdotas, con códigos. Es un punto de encuentro que, sin quererlo, termina siendo parte de su aprendizaje.

Ahí aparecen las “vivencias” que no se enseñan en una práctica formal: cómo se prepara un jugador de Liga para una temporada, cómo se cuida, cómo maneja la presión, cómo convive con la frustración, qué come, cómo duerme, cómo se organiza. Álvaro absorbe. Mira, escucha, pregunta, se queda con lo útil y lo intenta aplicar. 

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En las pretemporadas ya es conocido: suele coincidir con jugadores donde es uno más y comparte entorno, ve hábitos, entiende ritmos. Para un chico de 15, eso vale oro: te corre el velo de lo que significa ser profesional mucho antes de que te lo cuenten.

Y en ese ecosistema, se fue armando una identidad: el pibe del sur que llegó a Buenos Aires y no se dispersó. Que está siempre entrenando. Que vive en modo básquet.

LA CABEZA Y LAS FRUSTACIONES

El joven comodorense no romantiza la presión y aquello que no sale bien, sino que más bien analiza fríamente, como cuando le toca llevar la base en minutos finales o bien cuando hay que lanzar un triple en momentos claves. “Lo trabajo con mi psicóloga deportiva, Deborah”, dice sobre el acompañamiento psicológico. 

Y cuando se le pregunta por los días malos, deja una de las frases más importantes de toda la charla: “El proceso va a seguir. Es una pelota nomás que no entra. No me puedo frustrar por algo que no define el futuro”.

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El jugador comodorense busca su desarrollo en el deporte con una base de trabajo diario, entre la escuela y el divertimento propio de la edad

Foto: enviado a Pasta de Campeón

Y si aparece el miedo a “no llegar”, lo encuadra con una madurez que no es común: “Si pasa eso, yo no lo tomaría como un fracaso, sino como el haber podido intentado y haber hecho lo que algunos no se animan a realizar tampoco”.

EL “MINI JOKIC”, LA TIMIDEZ Y SU PERSONALIDAD: UN APODO QUE DICE MÁS DE LO QUE PARECE

En el ambiente, los apodos a veces son una pavada. Y otras veces son una radiografía. A Álvaro, un periodista lo bautizó con mucho cariño y sin perder el ojo clínico: el “Mini Jokic”. No por marketing, sino por su biotipo y cuerpo que va cambiando día a día, como también por esa tendencia a “crear”, a hacer jugar, a leer. Él lo toma desde la timidez, con esa mezcla de vergüenza y que tiene el pibe que no quiere creersela, pero el dice que es Alvaro.

Cuando le preguntan qué disfruta dentro del juego, lo describe con sencillez: “Me gusta mucho crear y pasar el balón, como tirar de tres. Hacer que mis compañeros jueguen también. No solamente soy yo, sino que tengo ahí un equipo”.

De Sousa con la camiseta de Boca, el equipo donde en exigentes formativas, fue elegido para continuar una nueva temporada

Foto: enviada a Pasta de Campeón

Ahí hay algo que conecta con el apodo: la idea de que el básquet no es solo meter, sino entender, ordenar, potenciar. Y en un chico de 15, esa lectura —sumada a la disciplina— explica por qué se fue ganando un lugar en entornos tan competitivos y donde Boca le acaba de dar la confirmación de que seguirá siendo basquetbolista por todo el 2026. Un logro más en el paso a paso del comodorense

EL TRABAJO EN BUSCA DEL SUEÑO: ESTADOS UNIDOS

Su horizonte está marcado y no escatima pensamiento en ello. “Tratar de llegar lo más alto posible, sea en Europa o en Estados Unidos, o la Liga Nacional”. 

Pero cuando baja a tierra, el plan es claro: “El primer objetivo sería llegar a un high school o a un junior college, Me gustaría ir, pero hay que lograrlo”.

Alvaro De Sousa, un joven que sueña y un comodorense que lleva la bandera del deporte de la ciudad en Buenos Aires

Foto: enviada a Pasta de Campeón

No se adelanta. No se vende. Pero trabaja como si le hubieran dicho que en dos años debe estar y sueña despierto.

Y mientras tanto, su cabeza está en lo inmediato: “Cerré el 2025 con una final y solo quiero el 2026. Toda mi cabeza está puesta en este año”. 

EL MENSAJE A LOS CHICOS Y AQUELLOS QUE SUEÑAN 

Álvaro habla como pibe que sale a la cancha de la vida en busca de sueños, que entendió que intentar te cambia, incluso si el resultado no llega cuando lo buscas en lo inmediato y que hay una labor a largo plazo.

“Que sigan soñando, que se animen a venir a Buenos Aires. Y que prueben y si no quedan, no pasa nada. Que puedan venir el año que viene o cuando lo puedan cumplir. Que se animen”, dice con la frescura y una sonrisa, ante la mirada de sus padres.

Y tal vez esa sea la síntesis perfecta de su historia: Álvaro De Sousa es el chico que se animó. El que transformó su casa en un búnker de básquet, el que vive picando la pelota, el que absorbe cada vivencia de los grandes en pretemporadas, el que se cuida cuando nadie lo mira, el que no se frustra por una pelota que no entra porque entiende que el futuro se cocina en el proceso.

A los 15, con timidez y personalidad al mismo tiempo, con esa voz que ya cambia y una conciencia social que lo mantiene con los pies en la tierra, “Alvarito” no está jugando a ser profesional: está aprendiendo a vivir como uno. Y eso, con el gen de comodorense en Buenos Aires, es el verdadero diferencial, con la mira en un sueño.

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