La industria alimentaria vinculada a la producción animal atraviesa uno de sus momentos más delicados en los últimos años. En las últimas horas se confirmó el cierre definitivo de una planta dedicada a la elaboración de alimento balanceado, una decisión que vuelve a poner en agenda el impacto de la crisis económica sobre el entramado productivo y el empleo industrial.
El establecimiento, ubicado en el partido bonaerense de Pilar, cesará por completo su actividad luego de que la empresa responsable formalizara la medida ante las autoridades laborales. La resolución se adoptó tras meses de dificultades financieras, suspensiones parciales y negociaciones que no lograron revertir el escenario crítico.
Según se desprende del acta firmada el pasado 29 de diciembre de 2025 en el Ministerio de Trabajo, la firma comunicó la imposibilidad de sostener la operación productiva. Entre los argumentos expuestos figuran una caída aproximada del 30% en las ventas, problemas económicos acumulados y la falta de compradores interesados en adquirir la planta o continuar con la explotación.
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El impacto social es significativo: cerca de 80 trabajadores quedarían sin sus puestos laborales, en una zona donde la fábrica representaba una fuente estable de empleo y actividad económica indirecta. A la incertidumbre por el cierre se suman reclamos por haberes adeudados, vacaciones y aguinaldos abonados fuera de término o en cuotas.
Grupo GEPSA
Grupo GEPSA es la empresa que concretó el cierre de la planta ubicada sobre la Ruta 34, a la salida del centro de Pilar, donde se elaboraban alimentos balanceados tanto para mascotas como para animales de producción.
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El conflicto no se originó de manera repentina. Desde octubre de 2025 la situación venía deteriorándose, con suspensiones, acuerdos salariales que redujeron los ingresos al 70% de manera no remunerativa y reiterados incumplimientos en los pagos. La falta de una solución estructural terminó por acelerar la decisión de cerrar definitivamente la planta, conforme lo publicado por Mundo Gremial.
Desde el sector gremial, el sindicato de Molineros rechazó de plano la medida y anticipó que se reserva acciones legales y gremiales. Mientras tanto, los trabajadores aún no recibieron los telegramas de despido formales y mantienen una expectativa mínima de que pueda surgir una alternativa que permita reactivar la producción o preservar parte de los puestos laborales.
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El Ciudadano
En ese marco, el pasado 5 de enero los empleados realizaron una protesta pacífica frente a la fábrica. La manifestación se llevó a cabo sin cortes de ruta ni impedimentos al ingreso, y tuvo como eje principal el reclamo por el pago completo de salarios adeudados, indemnizaciones y la continuidad de la actividad productiva.
La preocupación también se extiende al impacto que el cierre tendrá en el entramado económico local, ya que la planta abastecía tanto al mercado interno como a destinos de exportación y sostenía una cadena de proveedores, transportistas y servicios asociados.
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Historia de la empresa y su rol en Pilar
La planta de Pilar fue durante décadas una de las referencias históricas en la producción de alimento balanceado en la provincia de Buenos Aires. Desde ese establecimiento se desarrolló una amplia gama de productos que abarcaban desde líneas económicas hasta opciones premium para mascotas, principalmente perros y gatos, además de alimentos destinados a la ganadería, la avicultura y la producción porcina.
Con el paso de los años, la fábrica logró consolidarse como un actor relevante dentro del mercado nacional, abasteciendo tanto al consumo interno como a mercados de exportación en países limítrofes. Su ubicación estratégica, cercana a importantes rutas y centros de distribución, permitió que la planta se transformara en un punto clave para la logística y el desarrollo industrial de la zona.
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Además de su peso productivo, la empresa tuvo un fuerte impacto social en Pilar. Generaciones de trabajadores pasaron por la planta, muchos de los cuales desarrollaron allí toda su vida laboral. La fábrica no solo ofrecía empleo directo, sino que también impulsaba actividades complementarias vinculadas al transporte, mantenimiento, provisión de insumos y servicios.
Durante años, el establecimiento fue considerado un emblema del sector, asociado a la expansión del mercado de alimentos balanceados en el país y al crecimiento sostenido de la industria vinculada a la producción animal. Su cierre definitivo marca el final de una etapa para la comunidad local y deja un vacío significativo en el entramado industrial de la región.
